Si en tu caminar por la vida o por la mía, me encuentro con una persona que me hace esta propuesta: “te invito al gimnasio para hacer ejercicios mentales”, por cierto que quedo marcando ocupado. Nacen de inmediato algunas ideas en mi interioridad:
-¡Está loco!
-¡Cuándo ha habido gimnasio para eso!
-¡Ejercicios mentales! Si solo se hacen para los músculos.
-etc.
Revisando los antecedentes de un monje budista de origen europeo, de nombre Matthieu Ricard, escritor de varios libros, entre ellos “Defensa de la felicidad”, manifiesta que las personas debemos cambiar en nuestra mente el actuar a diario que tenemos hacia los demás; cambiar esos pensamientos negativos que nacen por el actuar del otro; de allí que nazcan las depresiones, las angustias, las ansiedades, etc.
Es quizás donde aún no se ha puesto énfasis en cada uno de nosotros es aceptar que existen las enfermedades mucho más de lo común que veamos.
Es realidad también entre los(as) chilenos(as) dejar tapado un problema como este y no decirlo, piensan que les dará vergüenza manifestarlo. Es mejor pedir ayuda o, como digo yo, ir al gimnasio a realizar los ejercicios mentales.
En cuanto a estadísticas, los trastornos mentales afectan a más de cuatrocientos millones de personas a nivel mundial; según la World Health Organization, indica que el 70 por ciento de quienes sufren depresión pueden recuperarse si reciben el tratamiento adecuado. En cuanto a la esquizofrenia 2,2 millones de estadounidenses la sufren.
Fuente: http://www.hablaescucha.org/statistics
Vamos a lo concreto, que es aquello que más me gusta.
-Unos familiares me han manifestado que yo tengo buena memoria, la clave es: relacionar la fecha con algún hecho concreto (ejercicio de relación).
-Una paciente me dijo: “tengo un problema más grande”, la clave es: observar el obstáculo (problema) como algo pequeño que lo puedo pasar incluso caminando (ejercicio de minimizar el obstáculo).
-Cuando tuve 8 fracturas en mi extremidad superior izquierda y el dolor era intenso, la clave fue: este dolor debe servirme para algo (ejercicio de neutralizar las molestias y sacarle provecho); darle importancia a mi capacidad de recuperación más que quedarme pegado en el dolor a diario.
-Cuando amanezco o me siento “bajoneado”, siento que estoy cabizbajo, la clave es: Buscar en mi interioridad los momentos que me causaron alegría o me sacaron sonrisas (ejercicio de reír, ojalá frente a un espejo).
-Estar en un gimnasio (que es nuestro mundo interno y externo), la clave es: saludar con afecto, no importa la persona que sea, importa mi gesto hacia el otro (ejercicio de cariño). De manera interna, mentalmente saludar a los seis o más órganos que tenemos. Esta experiencia la conocí de algunas tribus indígenas que habitan en el desierto australiano.
-Cuando fallecieron mis padres, la clave fue: dejar que el tiempo pase y aceptar que ellos están en otro estado donde yo podré llegar algún día (ejercicio de aceptación).
-Un familiar me dijo: “yo no puedo vivir solo”. Siento que se puede cuando observo la existencia de personas que, estando de cuerpo ausente, igual estoy en sus vidas y me desean que esté mejor. La clave es: ser mejor cada día y estar presente en aquellos que me rodean a diario (ejercicio de convivencia espiritual y corporal).
En buena medida es a diario entrenarse; la mente debe y está de manera constante activa, solo la debo estimular dejando lo negativo de lado y adherirme a lo positivo. Para eso es el gimnasio que te animo a visitarlo. Las consecuencias son necesariamente a nivel físico, emocional, intelectual, espiritual y social positivas. Es un proceso lento y seguro.


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