Hoy viernes me tuve que movilizar al hospital Barros Luco-Trudeaux. Luego de mi trámite de salud terminado, me iba retirando cuando escuché un grupo de aves que lanzaban sus gritos desde la parte alta de una palmera.
¿Qué hago con esta gran posibilidad? me pregunté.
Estos fueron mis etapas:
1. Detuve mi caminar.
2. Me dediqué a escucharles.
3. Observé la reacción de la gente que pasaba por el lugar y la reacción del personal de salud que a esa hora tomaba el desayuno en unas dependencias que se ubican alrededor de estos árboles.
Mis observaciones:
a) La gente les miraba y sonreía.
b) Comentaban lo que escuchaban.
c) El personal de salud seguía sus conversaciones y parecían ya acostumbrados a ese proceso diario que viven estos pájaros.
d) Por mi parte, me dediqué a meditar (cinco minutos).
Por supuesto que estas aves (no se aún si eran loros o catas) estaban delineando su territorio, fijando sus límites en dos árboles del hospital.
Presento este tema hoy ya que han existido otras experiencias relatadas en los diarios donde un sencillo loro, por ejemplo, de origen africano pudo dejar casi paralizados a un grupo de científicos cuando demostró que podía crear sus propias palabras y podía pronunciar más de novecientas.
También el relajo que producen las aves con su canto, el colorido de su plumaje, la interacción entre ellas, su vuelo, etc.
Es una posibilidad que tenemos muy cerca de nuestros hogares o lugares de trabajo quizás donde podemos aprovechar aquella instancia de esparcimiento laboral, personal, sencillamente de poder orar o meditar en cinco minutos a través de las aves que nos rodean.


excelente
ViejoNiñoCampesino