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Alimentando el campo afectivo.

Enviado por Jaime Sepulveda el 10/07/2008 a las 01:01 AM

Afectos recíprocos.

Aquello invisible, aquello que no veo, aquello que siento, necesito expresarlo. Como soy persona amada quiero amar, como soy persona que amo quiero entregar lo que tengo. Porque vivo solo por amor expresado de manera concreta, estoy vivo. A su vez amo de manera libre porque la persona que está al lado también lo es.

En una oportunidad una persona me preguntó: ¿qué es para ti un beso? Le respondí que era algo rico, se sentía rico. Él me aclaró que un beso es “la mínima expresión del amor”.

Como somos seres concretos (piel, huesos, venas, pelos, órganos internos, etc.) necesitamos sentir algo visible, que se pueda tocar. En el campo de los afectos comenzamos a manifestarlos desde lo concreto, que es visible, para llegar a sentir algo que es invisible.

Durante esta semana, tratando a otro paciente con dificultades cardíacas, me indicaba que quería ayudar a su hijo drogadicto. Entonces le manifesté “está muy bien que usted como padre le indique el respeto que se debe tener en el hogar y además usted agregue el siguiente gesto: coloque con cariño y cuidado su mano sobre la espalda, en la zona dorsal, donde imaginariamente se forma una cruz con la línea de los hombros de su hijo”.

Hice el mismo gesto con él y sus reacciones fueron las siguientes:

-         su rostro se enrojeció,

-         me entregó una sonrisa y

-         se puso a tartamudear.

¡Cómo un gesto entregado con afecto puede producir tanto!

Él me dijo luego: “me quedó muy claro lo que debo hacer con mi hijo”

Le indiqué además que era un proceso lento y seguro. En el campo afectivo se consiguen resultados a largo plazo y duraderos en el tiempo.


este tipo de alimento

Enviado por el 12/07/2008 a las 06:58 AM
liliana

son los que nutren más a nuestro cuerpo y ser.

Un Saludo Cordial


Afecto como ayuda social desde España mil besos de Maria

Enviado por el 13/07/2008 a las 09:04 AM
Maria LLácer

El conjunto de los seres vivos puede dividirse en especies sociales y asociales. Se entiende por especies asociales aquellas cuyos individuos no necesitan, en ninguna ocasión, la colaboración de otros individuos de su misma especie para sobrevivir. Esto significa que los recursos que un individuo de una especie asocial necesita los puede obtener por sí mismo. Existe un gran número de especies asociales, como puedan ser el mosquito o la zarzamora.

Por el contrario, las especies sociales son aquellas que, por lo menos en algún período de su vida, necesitan ineludiblemente la colaboración de otros miembros de su misma especie para sobrevivir. Un individuo social no puede obtener por sí mismo todos los recursos que necesita para sobrevivir. Para ello, necesita la ayuda y la colaboración de sus congéneres. El hecho social es, pues, el resultado de la necesidad del otro para la supervivencia o, lo que es lo mismo, de la dependencia de los demás para obtener los recursos necesarios para sobrevivir. La cooperación social constituye una necesidad para todas aquellas especies que denominamos sociales. Sin ayuda social, sin la cooperación de los demás, un individuo de una especie social no puede sobrevivir.

Existe un gran número de especies sociales con grados muy distintos de necesidad y organización social. Muchas especies sólo son sociales durante una parte de su vida (normalmente mientras son crías) para luego convertirse en individuos solitarios. El oso, por ejemplo, es una especie social sólo en los pocos años en los que la cría necesita la ayuda de su madre para sobrevivir. Luego, cuando la madre lo abandona, el oso vivirá en completa soledad, a excepción de los encuentros inevitables con otros osos, que siempre son más o menos agresivos.

Otras especies son sociales durante toda su vida. Especies como las hormigas, los leones o los hombres son altamente sociales, ya que no pueden sobrevivir sin la colaboración y la ayuda de otros individuos de su misma especie. Por supuesto, el grado de complejidad y necesidad social varía mucho de una especie a otra. Dentro de los mamíferos, la especie más social es, sin duda, el hombre. Esto quiere decir que un hombre no puede sobrevivir solo, sin la colaboración directa e indirecta de otros hombres. Desde que nace, el hombre necesita constantemente la colaboración de sus congéneres. Por supuesto, esta dependencia social tiene sus beneficios ya que, gracias a la colaboración, el grupo se hace más fuerte y el individuo tiene más probabilidades de sobrevivir y reproducirse.

Cuando decimos habitualmente que el ser humano necesita afecto para su bienestar, nos estamos refiriendo, en realidad, al hecho de que necesita la ayuda y la cooperación de otros seres humanos para sobrevivir. Es decir, la necesidad de ayuda social la expresamos como necesidad de afecto o necesidad afectiva. De ahí que el afecto sea considerado algo esencial en la vida de todo ser humano. Dar afecto significa ayudar al otro, procurar su bienestar y su supervivencia. Efectivamente, el afecto, entendido como ayuda o cooperación para la supervivencia

 

Afecto como trabajo no remunerado en beneficio de los demás.

Pero, para ayudar realmente a otra persona hay que realizar algún tipo de trabajo en su beneficio y es por ello que proporcionar afecto requiere un esfuerzo. La verdadera naturaleza del afecto consiste en la capacidad de cada individuo para realizar un esfuerzo o trabajo en beneficio de los demás. Proporcionamos afecto cuando realizamos un trabajo concreto en beneficio de la supervivencia de otra persona u otro ser vivo.

 

Por supuesto, existen muchísimas formas de proporcionar afecto ya que una persona puede realizar trabajos muy diversos que sean en beneficio de los demás.

Fundamentalmente se pueden distinguir dos tipos de trabajo: el trabajo muscular y el trabajo cerebral. Para realizar cualquier tarea, por simple que sea, es necesario realizar un trabajo muscular, por pequeño que sea. El solo hecho de mantener el tono muscular o la respiración o el bombeo sanguíneo requieren de trabajo muscular. Pero además, es imprescindible un trabajo cerebral, de procesamiento de la información, de cálculo de posibilidades, de toma de decisiones, etc. El cerebro es un maravilloso ordenador, con una capacidad de procesamiento de datos, que aún siendo increíble, es limitada.

La revolución científica e industrial nos ha liberado en gran medida del trabajo muscular, que es realizado por todo tipo de máquinas. Pero el trabajo cerebral aún lo debe realizar nuestro cerebro. Es cierto que los sistemas informáticos actuales empiezan a sustituir algunas funciones muy elementales de nuestro cerebro, pero está muy lejos el día en que puedan realizar el complejo trabajo cerebral necesario para orientar nuestro comportamiento.

Por lo tanto, aunque deberíamos considerar las dos formas de trabajo, en la especie humana el afecto queda determinado casi exclusivamente por el trabajo cerebral que se realiza en beneficio de los demás.

Además, en la especie humana, se suele considerar el trabajo como todo aquello por lo que obtenemos una remuneración económica. Pero, si por trabajo entendemos cualquier acción que consuma energía, entonces no paramos de trabajar en ningún momento. Incluso durmiendo realizamos una pequeña cantidad de trabajo.

Así, todo el trabajo que realizamos fuera de nuestra actividad laboral es no remunerado. Una parte del trabajo no remunerado lo hacemos en beneficio propio, como por ejemplo, descansar, ir al médico, comer, etc. Otra parte del trabajo no remunerado lo hacemos en beneficio de los demás, como por ejemplo, fregar los platos de la familia, acompañar al médico, hacer un regalo, escuchar los problemas de otro, etc. Esta parte del trabajo no remunerado en beneficio de los demás es la que consideramos realmente como conducta afectiva o afecto.

Podemos definir el afecto, pues, como el trabajo no remunerado en beneficio de la supervivencia de otras personas u otros seres vivos. En general, este trabajo consistirá en ayudar a obtener algún recurso (alimento, hábitat o conocimiento) necesario para la supervivencia del otro o cederle algún recurso que se ha obtenido previamente. Efectivamente, no sólo proporcionamos afecto realizando directamente un trabajo en beneficio de otra persona sino que también le damos afecto proporcionándole recursos directamente. Cuando damos un recurso a otra persona le estamos proporcionando la energía que tuvimos que consumir para realizar el trabajo necesario para obtenerlo.

Dar dinero o un bien, ayudar a resolver un problema, animar cuando se está triste o enseñar algo que no se sabe, significa realizar un trabajo no remunerado en beneficio de la supervivencia del otro y significa, por tanto, darle afecto. En consecuencia, quien recibe afecto experimenta normalmente una emoción positiva, puesto que ve mejorada sus probabilidades de supervivencia (véase ¿Qué es la emoción?). La relación entre afecto y emoción estriba en que al recibir afecto experimentamos una emoción positiva. Así, emoción y afecto están íntimamente relacionados, de ahí que designemos el afecto recibido con un término similar al que utilizamos para describir la emoción que nos produce.

La capacidad afectiva de cada individuo viene dada por su capacidad de trabajar en beneficio de los demás de forma no remunerada. La capacidad que tiene un individuo de ayudar a los demás es limitada, ya que depende directamente de la cantidad de recursos a que se tiene acceso y de la capacidad para realizar trabajo. Por lo tanto, podemos decir, también, que la capacidad afectiva (de ayuda social) es algo que puede acumularse, es decir, es algo que puede variar en el tiempo y según cada individuo, ya que tanto los recursos disponibles como la capacidad de trabajo son variables acumulativas. Si la emoción se comporta como una variable de estado intensiva, el afecto lo hace como variable de estado extensiva (el valor total es igual a la suma de las partes).

Por último, las necesidades de afecto varían de unos individuos a otros. Así, los individuos más dependientes socialmente, como los niños, la gente muy mayor o enferma, etc., son los colectivos que más afecto necesitan para sobrevivir. Por el contrario, los individuos adultos que han experimentado un desarrollo madurativo adecuado, necesitan mucho menos afecto y, en consecuencia, pueden proporcionar más afecto a los demás.

 

Señales de afecto

Hemos planteado que el afecto es una necesidad de todos los organismos sociales, ya que se refiere al trabajo que un organismo realiza en beneficio de otro. En la evolución de las especies sociales hacia grados más complejos de estructura social, aparecen nuevos comportamientos que tienen como función mantener la estructura social de la especie. En la especie humana aparecen normas, valores, rituales y señales afectivas cuya función es el mantenimiento de la estructura social del grupo.

Las señales afectivas, en particular, se expresan en un amplio repertorio de conductas estereotipadas, genética y culturalmente, cuya función es garantizar la disponibilidad afectiva de quien las emite con respecto al receptor. La sonrisa, el saludo cordial, las señales de aceptación, las promesas de apoyo, etc., sirven para comprometer a quien las emite y constituyen una fuente de afecto potencial para el receptor. Tanto la etología como la antropología estudian profusamente este tipo de señales o comportamientos.

Un organismo social no sólo necesita el apoyo de sus congéneres en el presente, sino que, también, necesita tener alguna seguridad de que este apoyo se mantendrá en el futuro. La función de las señales afectivas reside en satisfacer esta necesidad. Cuando una persona sonríe a otra le está transmitiendo la confianza de que puede contar con ella en el futuro, que es y será reconocido como miembro de su grupo y que, por tanto, está dispuesta a proporcionarle afecto cuando lo pueda necesitar. El resultado es que la persona que recibe la sonrisa experimenta una emoción positiva.

No obstante, el hecho de emitir señales afectivas no asegura, en todos los casos, una cesión futura de afecto, debido a que esto dependerá de la capacidad real de trabajo que pueda realizar el emisor. Esto explica como, en la práctica, personas que emiten señales afectivas (sonrisas, saludos, promesas, etc.) luego no pueden proporcionar la ayuda requerida ya que no disponen de la capacidad necesaria para realizar un trabajo. Esta divergencia entre intención afectiva y capacidad afectiva real causa frecuentes y variados conflictos en las relaciones humanas.

Las señales afectivas son también un modo de incentivar la reciprocidad en el intercambio afectivo, puesto que el receptor de las mismas experimenta una obligación para compensar el afecto (potencial) recibido. Si un organismo que realiza un trabajo en beneficio de otro, es decir, que proporciona afecto real al otro, no emite señales afectivas, corre el riesgo de no ser compensado por el otro. Así, no sólo ayudamos a los demás sino que, además, hacemos que lo sepan para que los mecanismos sociales (genéticos y culturales) responsables de establecer un compromiso e intercambio recíproco actúen.

En resumen, el afecto es la necesidad que tienen todos los organismos sociales de recibir ayuda y colaboración de sus congéneres para poder sobrevivir. El afecto se proporciona mediante la realización de cualquier clase de trabajo (no remunerado en el caso humano) en beneficio de la supervivencia de otro individuo y, por tanto, es transferible y limitado. A medida que aumenta la complejidad social de las especies aparecen las señales afectivas, comportamientos estereotipados cuya finalidad es garantizar la cohesión y la reciprocidad en el intercambio afectivo del grupo.

La economía del afecto, en las relaciones sociales humanas, es enormemente compleja y el conocimiento que hoy día tenemos es muy general y tosco. Esperemos que en los próximos decenios puedan cambiar significativamente las actitudes científicas hacia fenómenos tan fundamentales para la supervivencia humana como lo es el intercambio afectivo.

 


Economía del afecto.

Enviado por el 13/07/2008 a las 12:59 PM
Jaime Sepulveda

El concepto "economía" involucra intercambio, trueque, entrega y recibo.

Durante la tarde de ayer sábado, me correspondió atender una joven tremendamente estresada. Sus órganos ubicados en el abdomen estaban contraidos y no desarrollaban bien su trabajo. Hubieron momentos que la joven abría los ojos para ver o buscar algo, de mirada fija, sin movimiento ocular. Después de dos intentos de sacarla de ese estado, me pidieron que la atendiera. Así lo hice (no te olvides lo escrito en la primera línea):

- La saludé.

- Le di las gracias por estar allí con nosotros.

- Le pedí permiso para tocarle la cabeza, en el hemisferio izquierdo, y su brazo izquierdo.

- Constantemente le hablé en el oído izquierdo.

- Le hice sonreir.

- Le hice masajes en su cabeza y en su brazo izquierdo.

Por su parte, ella me correspondió las gracias, me entregó cuatro sonrisas, me contó dos momentos de su vida y me entregó una sola lágrima. Después se puso de pie, salió de la sala y se puso a conversar con unas personas de manera erguida, sonriente y mucho más despierta.

Este es un ejemplo de intercambio de afectos.

Muchas gracias María por tu gran aporte y un abrazote multipliocado por 12.  
Jaimeviajero.


Amor, afecto y desarrollo con afecto desde España Maria

Enviado por el 13/07/2008 a las 01:22 PM
Maria LLácer

Creo que queda claro el tema de la necesidad de los demás. También quiero destacar aquí la necesidad de ese reconocimiento, de las manifestaciones afectivas. Necesitamos "sentir" que el otro nos ama y también necesitamos manifestarle al otro que lo amamos. Esto lo manifestamos con nuestro cuerpo. El cuerpo es el campo expresivo del hombre donde realiza su existencia. En todo sentido. Y en el hecho de ser para los demás el cuerpo adquiere otro significado, como presencia en el mundo, como origen de la instrumentalidad y de la cultura y en este caso que nos interesa a nosotros, como comunicación con el otro y reconocimiento del otro.
El lenguaje táctil es otra forma de lenguaje corpóreo que se da específicamente en el afecto y en las expresiones corpóreas de afecto. Continúa Gevaert: "El abrazo, la caricia, la ternura, el cachete, etc., son un lenguaje cuya importancia resulta muchas veces decisiva, no sólo durante los primerísimos años de la infancia, sino incluso en la vida del hombre adulto, en lo que respecta al equilibrio humano y a la posibilidad de comunicar con los demás. La psiquiatra A. Terruwe observa:
Cuando se ama a alguien, se siente naturalmente la necesidad de tocarlo. La madre toma al niño, lo aprieta contra su corazón, lo mece; el hombre estrecha la mano del amigo, le da una palmada cariñosa en la espalda; la muchacha camina del brazo, abraza, besa, acaricia; de este modo hay infinitas formas táctiles con las que se manifiesta el afecto... La expresión táctil del amor es la más original de todas."
El niño que no ha experimentado un amor afectivo no sólo no llega a madurar en sus sentimientos, sino que cae en la
neurosis. Sin entrar en terreno psicológico me parece necesario ver este problema con una dimensión también filosófica, puesto que afecta al hombre en su ser más hondo. No sólo psicológica, sino también humanamente la suprensión del amor afectivo y las manifestaciones de afecto pueden conducir a una neurosis de frustración. Esto es algo muy típico en nuestra civilización moderna.
Otra forma expresiva de afecto es simplemente estar juntos, aunque no se diga nada. Este silencio puede tener una gran intensidad de lenguaje.
"La afirmación, contenida en el amor afectivo, es por eso mismo el fundamento de toda la existencia social del hombre; es ella la que da al hombre ser lo que es, y al darlo a sí mismo lo hace capaz de ser para los demás, de darse a los demás."
El amor recibido de los demás es uno de los factores más determinantes para el
desarrollo y equilibrio de las personas.
En el contacto con el otro el hombre se percibe a sí mismo, saliendo fuera de sí. El amor es una respuesta afectiva también sensible. "Si quisiéramos ilustrar la importancia del amor afectivo y del amor en general, podríamos recurrir también a la imagen negativa: el día que un hombre o una
mujer tienen la impresión de que no hay nadie en el mundo que los aprecie, caen en la sensación de que el vacío absoluto inunda su existencia."
Seguimos con la idea de la naturalidad del amor y de los afectos. Al hablar de que es algo natural decimos que no es algo adquirido, sino que es idéntico a la
naturaleza misma, que no exige intervención del conocimiento. Por lo tanto el amor no es una ficción ni algo artificial ni un fenómeno adquirido por repetición de actos.
Desde este punto de vista, el amor es un dato natural y no una fantasía sin relación con el fin natural de los seres.
Podemos concluir diciendo que no sólo es necesario recibir amor, sino que también son necesarias las manifestaciones de ese amor que se nos da. Repitiendo un concepto que teníamos antes decimos que entre el amor y las manifestaciones de afecto no hay una relación de causa y efecto sino que tienen una dependencia esencial y de sentido el uno con el otro.

Amor En Sí
Ahora vamos a detenernos un poco sobre el amor. ¿Qué es? ¿De dónde viene? Vamos a comenzar buscándole una definición. En su origen etimológico para algunos deriva de vocablos griegos (que no los vamos a escribir, sólo su traducción). Una de las traducciones significa semejante, pues los que se aman son semejantes; otra es desear vivamente: amor implica un querer intenso y ardiente; otra significa ligar, conectar, pues lo propio del amor es juntar a los amantes. "Amor abarca también el espectro semántico del término caridad, que significó inicialmente entre los latinos lo que expresa el
español carestía, situación en la que se carece de algo necesario." Esta riqueza semántica (en el griego) delata un poco la riqueza de sentido que lleva la palabra amor.
Antes decíamos que el amor estaba incluido dentro de los apetitos concupiscibles o inmediatos o primarios, como una "conveniencia". Cruz C. aclara un poco esto así: "No se debe confundir el amor con el deseo ni con el gozo o alegría." El deseo va a surgir del mismo amor que nos va a llevar a gustarlo. El gozo se va a dar en el bien inteligible, el bien del espíritu; y también en la sensibilidad, en el cuerpo. Hay una tendencia al goce, un deseo común, al alma y al cuerpo. Continúa: "El amor espiritual añade al amor en general una elección previa; es claro así que el amor espiritual no se encuentra en los apetitos, sino sólo en la voluntad y únicamente en la naturaleza racional." Aquí se hace la diferencia entre ese "amor primero" del que hablaba cuando ponía el ejemplo de la madre y el bebé, y cuando ya soy consciente de ese amor, aquí conozco y amo con
libertad.
Por todo esto sería error considerar al amor como una especia de apetito sensible refinado, como si en lo espiritual hubieran instintos como en lo corporal. Aquí el apetito natural es de cada ser por su bien y el amor sería la forma fundamental y única.
"En la persona del "otro" está el objeto formal del perfecto amor: se ama algo porque es bueno, porque encarna la índole del bien: "algo es amado en cuanto tiene razón de bien". Lo cual no equivale a afirmar la prioridad del amor interesado y la subordinación del bien sujeto al amante. Porque el bien no es bueno porque sea apetecible, sino que es apetecible porque es bueno. Afirmar que el bien es el objeto formal del amor es fundar no sólo el carácter extático o desinteresado del amor, sino fundar el amor sin más."
Ahora, ¿cuál es la causa del amor? El amor que me realiza y perfecciona como hombre no es inmotivado, tiene causa. Podemos resumir la causa del amor así: es el bien
objetivo y real de la persona amada. Amar es complacerse en el bien que existe en el otro. Y ese amor lo puedo descubrir de varias formas: cuando amo a alguien: es una experiencia activa e inmediata, el objeto directo del amor es el otro; cuando observo el amor en otras personas que se aman: es una experiencia mediata; y la forma más especial es cuando yo soy amado: es una experiencia pasiva e inmediata y el objeto del amor soy yo mismo; al ser tocado por el amor de otra persona advierto que el contenido del amor se me aproxima de modo único. Todas estas experiencias ayudan a comprender lo que es el amor: afirmación afectiva o complacida que un ser humano hace de la existencia del otro.

El amor es una respuesta afectiva; y puede ser tanto sensible como espiritual.
"En el plano ontológico esencial, o desde el punto de vista de la interioridad objetiva, el amor ha quedado definido como el principio radical de la
dinámica afectiva cuyo término es la propia plenitud. Pues bien, desde el punto de vista de la conciencia, el amor es la captación de la plenitud y perfección de otra persona en tanto que susceptible de ser realizada por uno mismo y en tanto que en la realización de esa plenitud va implicada la propia autorrealización, de modo que ésta pueda alcanzar una plenitud antes insospechada. Dicho brevemente, el amor es la captación de un tú, de cuya plenitud depende la propia, y de tal modo que ese tú despierta lo mejor que hay en el yo. Desde esta perspectiva, el amor es un sentimiento y una tendencia."
"En el amor se produce, pues, la unión de dos subjetividades de modo que cada una media en la plenitud de la otra. El amor como sentimiento es la anticipación de la realización conjunta de dos subjetividades. Por eso,
Aristóteles mantiene que la obra del amor es la unidad, S. Agustín que el amor es la tendencia a la unidad y Hegel que el amor es la unidad de la identidad y la diferencia, es decir, la unidad en la que dos subjetividades alcanzan la identificación de una con la otra pero sin que eso suponga la anulación de una por la otra sino, al contrario, de tal modo que la diferencia se mantenga."
A todo esto decimos que el amor consiste en la respuesta de un ser a otro o al bien idéntico al ser.
"Es pues imposible imaginar que nuestra voluntad para amar, incluso con el amor más puro, sin realizar a la vez su propia perfección, o sea, sin obtener por el propio ejercicio del amor del bien, bajo su razón formal de bien último, el acabamiento para el que ella está formalmente hecha y para el cual no puede no ser hecha."

6. Amistad E Intimidad

Cuando el amor honesto y sincero se hizo hábito en alguien, se dice que se quiere con un amor de amigo. Al decir que es un hábito también decimos que se construye, es una unión que se fragua con el tiempo.
El amor de amistad se coloca decididamente fuera del
ambiente familiar y se aparta del color sexual. Según Santo Tomás, el amor de amistad es un amor perfecto. En este amor perfecto salgo totalmente fuera de mí terminando en mi amigo amado; yo amo a mi amigo por él mismo. Es un éxtasis de la intimidad (éxtasis no como algo sobrenatural, simplemente como ponerse fuera de sí), "la unión afectiva íntima entre el amante y el amado, que es el amor, supone la salida del amante de sí mismo y su persistencia afectiva en el amado, el éxtasis." En ese éxtasis yo me encuentro a mí mismo en el otro. Es el acto más encumbrado del amor, es la aprobación que hace mi intimidad de la intimidad del otro. Esta intimidad no es un espacio cerrado sino una relación que une por dentro a las personas. "La intimidad, interioridad relacionada, se forma o fragua en el curso de la vida personal - el hombre comienza a descubrir la intimidad en una etapa de su vida -, y podemos contribuir a fomentarla en el otro: es más, ella no se profundiza ni se amplía sin el contacto con el otro. Una intimidad es fuerte en la misma medida en que tiene capacidad de compartir y de relacionarse creativamente." Por eso esta interioridad, esta intimidad no es distancia sino que se convierte en vínculo. No hay otro modo de apertura personal total que la realizada en la intimidad. El amor de amistad es siempre íntimo, y en ese amor íntimo encontramos nuestro bien humano y perfecto afirmando el bien absoluto. "Si la felicidad de un ser consiste en la realización de su naturaleza, y si lo propio de la naturaleza espiritual del hombre es estar referida al bien como a un absoluto, entonces la felicidad del hombre se consigue mediante el amor al bien por sí mismo."
Esto va a implicar también un profundo conocimiento de mí mismo, "...la amistad se refiere a una relación de intimidad. Por lo tanto, no puede darse en profundidad hasta que la persona llega a descubrir su propia intimidad y aprende luego a compartirla con los otros." Esto también va a implicar un desarrollo de las virtudes, no puede caber amistad donde falta virtud, es algo imprescindible. Me parece importante citar algunos ejemplos para mostrar esto. "La lealtad es la virtud que ayuda a la persona a aceptar los vínculos implícitos en la adhesión al amigo, de tal modo que refuerza y protege, a lo largo del tiempo, el conjunto de
valores que representa esta relación. La generosidad facilita al amigo actuar a favor del otro teniendo en cuenta lo que le es útil y necesario para su mejora personal. El pudor controlará la entrega de aspectos de su intimidad. La comprensión le ayudará a reconocer los distintos factores que influyen en su situación, en su estado de ánimo, etc.. La confianza y el respeto lleva al amigo a mostrar su interés en el otro y que cree en él y en sus posibilidades de mejorar continuamente." Podemos decir que los buenos amigos luchan por superarse en sus virtudes exigiéndole también al otro comprensión y ejemplo. Hoy en día se le dedica poco tiempo a los amigos y esto no es lógico ni humano.
"La amistad es un amor recíproco que realiza la unión de dos voluntades, y por ello la de los sujetos (S.Th. I-II, 28, 1-3). En el orden humano, cada uno de los amigos considera al otro como a sí mismo, quiere el bien del otro como el suyo, siente las alegrías y las penas del otro como las suyas, busca por último la presencia del otro porque es una alegría igual para ambos." En el amor de amistad, el amante se ordena al amado como a sí mismo y se supone una cierta comunión de vida, unidad de pensamiento, de sentimiento y de voluntad (esto no quita que se puedan tener amigos con criterios distintos a los de uno). Esto es lo propio y formal del amor: la unión afectiva del amante con el amado. Me resulta interesante el modo de definir a los componentes de una amistad que utiliza Cruz Cruz, amante y amado, uno que ama y otro que es amado.
La tendencia del amante hacia el amado se orienta hacia lo que le es semejante. El amor es entre semejantes. Uno ama aquello que le es semejante. Un modo de semejanza es cuando los semejantes poseen lo mismo en acto. Este modo de semejanza produce un amor perfecto. "...Puesto que por lo mismo que dos seres son semejantes, al tener en cierto modo una sola forma, son como uno solo en aquella forma, a la manera que dos hombres son uno en la especie de la humanidad, (...) y por esto el afecto del amante se dirige hacia el amado como a sí mismo, pues cada uno - por su identidad ontológica o semejanza sustancial consigo mismo - se ama a sí mismo con amor natural perfecto, que es amor íntimo. Un buen ejemplo de esto lo da San Agustín al hablar de la
muerte de su amigo íntimo al decir que era "la mitad de su alma"; "porque yo sentí que mi alma y la suya no eran más que una en dos cuerpos, y por eso me causaba horror la vida, porque no quería vivir a medias, y al mismo tiempo temía mucho morir, porque no muriese del todo aquél a quien había amado tanto."
Todos debemos tener (y si no, deberíamos tener) experiencia de amistad, así que creo que todo esto sólo define de una manera más fina el concepto de amistad.


Me pasa lo contrario.

Enviado por el 13/07/2008 a las 09:39 PM
Jaime Sepulveda

Es que a mí "me pasa lo contrario" me dijo un paciente cuando le indiqué que cada uno de nosotros podía dar amor.

Tiene daño cerebral, daños en sus extremidades como secuela de un accidente, bebía alcohol, fue criado por la madrastra y luego como indigente.

"Es que a mí me crió mi madrastra y me trataba mal y usted me pide que entregue amor, no puedo".

Y le indiqué: Sucede lo siguiente xx (le indiqué su nombre), nosotros debemos tener la cnducta de un sembrador, entregar cariño a las personas, sin intereses, sin pedir algo, solo entregar. Los efectos xx los sentirás después desde la misma persona que lo recibió o a través de otra, pues germinó lo que tú xx sembraste.

Es un tipo de economía agraria con afectos. 
Muchas gracias María de España, limpia nuestro lente de aquello que nos empaña. Un abrazo multiplicado por 12. Jaimeviajero.


EL DEBER DEL AMOR: RELACIÓN ENTRE JUSTICIA Y AMOR

Enviado por el 14/07/2008 a las 02:38 AM
Maria LLácer

El amor tiene una especial relación con la justicia, pues la perfecciona. Si no amamos sinceramente, no atendemos a los derechos del prójimo y por tanto no practicamos la justicia.

Hemos visto que tenemos un deber, responsabilidad u obligación con respecto a la verdad y a la justicia. Pero ahora nace la pregunta: ¿amar es sólo una opción o también un deber? Para responder a esto, tomemos consideración de los siguientes aspectos:

1) El amor no es exigible (excepto en el contrato matrimonial).

2) Aunque el amor no es exigible, tampoco es simplemente opcional o facultativo, sino que es un deber, tal como en la Biblia se nos dice "ama a tu prójimo como a ti mismo".

3) No siempre es posible diferenciar a cabalidad ente el amor y la justicia.

4) Nunca la justicia cubrirá las exigencias ni todo el campo del amor, pues el amor puede llegar al heroísmo y aun al sacrificio de sí mismo o a entregar la vida por amor a otro, lo cual no lo contempla la justicia.

5) El amor nos permite conocer más clara y adecuadamente los derechos del prójimo, por lo cual afirmamos que sin amor, la justicia permanece fría y no progresa.

Desde España con cariño Maria


"Justicia afectiva".

Enviado por el 14/07/2008 a las 09:46 PM
Jaime Sepulveda

"Justicia afectiva" comienzo escribiendo ya que en el comentario anteriormente realizado, se trató, por ejemplo, "el amor no es exigible". Dos frases que me correspondió vivir en el año 1988 (noviembre 15).

Estaba muriendo porque mi riñón se estaba muriendo de a poco (insuficiencia renal crónica), tenía en ese entonces 26 años y mi hermana un año y nueve meses menor.

Ante aquella realidad, mi mamá y hermana dispusieron realizar todos los exámenes de compatibilidad y el resultado fue: mamá 80% compatible y mi hermana 95% de compatibilidad.

Mi hermana se alegró con aquella noticia y comentó: "es justo que yo te haga feliz (te salve la vida) a tí y después me caso para hacer feliz a mi marido" y todo por amor.

Ya llevo 19 años y ocho meses viviendo mi segunda gran etapa de vida afectiva y desarrollando los otros cinco campos antes mencionado en artículos pasados.
Gracias María y un abrazote multiplicado por 12. Jaimeviajero.







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