
Con ocasión de una visita domiciliaria, me correspondió guiar a una niña de diez años. A su edad resulta más fácil el trabajo de su respiración y sus articulaciones se manifiestan con mayor fluidez. Aunque su estatura y peso corporal ayudaban mucho más a su trabajo físico. Solo debía indicar que tomara conciencia de su respiración y el contacto con la madre tierra.
A medida que iban pasando los ejercicios se evaluaba su concentración, su elongación, su capacidad de juego, sus propuestas, su experiencia, etc.
Para nosotros los occidentales esto parece algo extraordinario realizar: hacerlo en una comuna popular, con
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