
Transcurría el día miércoles 16 de julio, a eso de las catorce horas, deseaba dormir la siesta, cuando comienza la tos. Las interrogantes aparecieron de inmediato: ¿cuándo me agarré esta tos?, ¿quién andaba con tos ayer?, etc.
No le hago caso, me dije, traté de dormir y nada; bebí agua y nada; me senté en la cama y nada. Así fue durante dos horas y media.
Cinco días antes había cosechado ortiga del patio de una vecina, pues lo hice con la intención de ayudar a alguien que la requiriere. Directamente me levanté de la cama, tomé una sola rama,
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